#8M desde Concepción: La marea feminista alza la voz al sur del mundo

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“El feminismo es la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas”
Angela Davis, Filósofa, política marxista, activista afroamericana.

Por Lirayén Reyes Gálvez
Educadora de Fundación EPES
Fotografías: Lirayén Reyes y Maritza Provoste, de EPES Concepción.
14 marzo, 2019

Lo vivido el pasado viernes 8 de marzo ha sido histórico para la lucha de las mujeres en este país, franja de tierra estrecha, colmada de injusticias en afrenta directa a los derechos humanos.

La movilización del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, responde a un proceso de acumulación de fuerzas, que contó con el trabajo cotidiano de millones de mujeres, con poco de espontáneo y mucho de organización, alianzas, asambleas y discusiones. Es que el llamamiento a Huelga General Feminista inaugurado en Chile este 8 de marzo de 2019, pudo ser discutido y trabajado en conjunto por diversos sectores, gremios, organizaciones y colectivos de mujeres, que se propusieron la tarea de cimentar las bases de una convocatoria revolucionaria que busca transformar el sentido común de una sociedad profundamente marcada por el neoliberalismo, el capitalismo y el patriarcado.

En la ciudad de Concepción, 500 kms al sur de Santiago, y al igual que en las grandes ciudades del país, esta convocatoria se comenzó a esbozar el 8 de marzo de 2018, mirando atentas el proceso de nuestras compañeras argentinas, que lucharon férreamente en las calles por la despenalización legal del aborto, convirtiéndose en mareas de mujeres que no dejaron las movilizaciones a pesar del estancamiento impuesto por el Congreso trasandino a la aprobación de la ley.

Ya durante el segundo semestre de 2018, Concepción comienzó a nutrirse de asambleas y reuniones que buscaban problematizar el cotidiano, ampliar las demandas del movimiento feminista, para establecer que la lucha de las mujeres, hoy, es una lucha contra el sistema de dominación, explotación y muerte que utiliza a las personas y ecosistemas.

Fruto también de este proceso, el #8M de 2019 se desarrolló la Asamblea General Feminista en los Tribunales de Justicia de Concepción, previa a la marcha, ocupando el espacio público para compartir y difundir los mensajes de las colectividades de mujeres presentes. Durante esta asamblea, las diversas opresiones presentadas reflejaron la expresión del sistema patriarcal, base de la acumulación capitalista, por medio de un imbricado sistema de relaciones sociales de subordinación, donde se anula a la mujer como sujeta política, poseedora de la capacidad de ejercer control sobre su cuerpo, su vida y la sociedad.

Aún frente a un panorama adverso como el actual, es necesario recordar a las mujeres que en los tiempos del terror, cuando la dictadura cívico-militar reducía al máximo las libertades de los chilenos y chilenas, fueron ellas quienes buscaron formas de organización que nos constituyeran en comunidad, estrecharan lazos, reconstruyeran un tejido que necesitaba resurgir. Esta resistencia pasó por todas las esferas de la vida, pues las mujeres se movilizaron para conocer qué estaba sucediendo en las cárceles y centros de tortura y exterminio, amenazas cotidianas de la vida pública; hasta acompañar el día a día con ollas comunes en las poblaciones, procurando servicios básicos y cuidando de las familias, donde la pobreza azotaba más fuerte la vida privada.

En este tránsito permanente por volver a restablecer la garantía de los derechos fundamentales, pero también los sentidos comunes es que Fundación EPES centró sus esfuerzos durante los años 80’s, pudiendo generar y fomentar espacios organizativos que incluso perduran hasta nuestros días, contribuyendo a los liderazgos de mujeres que se convirtieron en monitoras de salud como forma de luchar por salud y vida digna en los sectores populares

Hoy, luego de la alegría de la exitosa marcha y la movilización general en todo el país, el ejercicio de memoria feminista también se vuelve urgente, pues impulsa la construcción actual y nos sitúa. Desde las estudiantes organizadas en escuelas, colegios y liceos hasta las organizaciones de mujeres autoconvocadas que en los espacios públicos trajeron consigo las consignas, los nombres de mujeres y los mensajes por los que luchaban en las diversas épocas de nuestra historia, todas en su heterogeneidad salen a la luz y nos permiten transformar el sentido común, avanzar en conciencia, despenalizar el actuar de las mujeres y resignificar las nociones de derechos.

De aquí la necesidad de situarnos como herederas de un proceso histórico que nada tiene de espontáneo como algunos medios de información hegemónicos intentan mostrar, si no que es producto del trabajo de politización de la vida en su conjunto. No es por tanto suficiente una agenda de género, ni una demanda gremial respecto a un sector puntual, las demandas de las mujeres buscan la transformación de la sociedad, articulando las luchas y transversalizando los temas.

Desde lo público a lo privado, desde la historia del movimiento y las mujeres invisibilizadas por la historia oficial hasta el cuestionamiento de la política actual y sus formas del hacer se vuelve una tarea urgente el mirar feminista, pues constituye una revolución cotidiana que busca subvertir el orden establecido y asegurar el ejercicio de los derechos humanos.

La revolución feminista diversa y heterogénea continuará su avance en todas las esferas, porque sus militantas nos encontramos en todos los espacios de la vida, y nuestra lucha por dignidad ya no puede esperar otra época.

 

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