Francisca Rodríguez, presidenta de ANAMURI: “Juego `De la Semilla al Plato´ debe ser un aporte que traspase fronteras”

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El nuevo material educativo de EPES abre un espacio a la reflexión y análisis en torno al sistema alimentario, visibilizando de forma transversal los enfoques de derechos humanos y género, integrados a partir del paradigma de la Soberanía Alimentaria. A través del juego, las personas participan en un proceso colectivo de aprendizaje y transformación.

Santiago de Chile, 24 de junio 2019 (EPES).- Hasta el VII Congreso de la Coordinadora Latinoamericana de la Organización del Campesinado (CLOC) – VIA Campesina, que se realizará del 25 al 30 de junio en Cuba, llegará el juego `De la semilla la plato´, en manos de Francisca Rodríguez, Presidenta de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas, ANAMURI.

Así lo aseguró la dirigenta en el acto de lanzamiento del material educativo en la Universidad de Chile, argumentando que “el juego de EPES debe ser un aporte que traspase fronteras”.

“El juego nos ayudará a recuperar nuestro sistema alimentario, los sabores y olores, que son generadores de cultura. Los alimentos rigen nuestra vida desde que nacemos”, precisó.

Para la presidenta de ANAMURI, el juego `De la semilla al plato´ convoca a construir alianzas por la defensa de la vida. No solamente la represión mata la vida, también lo hace el sistema alimentario, que se está llevando el fruto de nuestro trabajo como mujeres campesinas”.

La dirigenta agregó que el juego hace reflexionar sobre los modelos actuales de consumo alimentario, que están determinados por las formas de producción industrial.

También facilitará el trabajo de reflexión en las ferias de saberes. En ese sentido, precisó que utilizarán el material didáctico de EPES incorporando nuevos elementos que enfaticen la importancia de las campesinas y campesinos, que están condenados a desaparecer si en la ciudad no se sensibiliza respecto de su rol.

Francisca Rodríguez afirmó que “el sistema alimentario, junto con afectar la salud, el trabajo campesino y los bienes naturales, se está llevando nuestra conciencia y con ello empezamos un caminar de desconfianza, de competitividad, un tira y afloja, donde ya no hay campesinas y campesinos, sino productores y emprendedores”.

Advirtió que “los cambios alimenticios también llegaron al campo y tenemos que combatirlos fuertemente porque generan pérdida de identidad, de cultura y también del territorio, cuyo sentido no es el mismo que tenía antes y la riqueza que encontrábamos a cada paso ha tendido a desaparecer. Hoy nos debatimos entre la vida y la muerte por seguir siendo campesinas, porque se comprenda el valor que tiene la alimentación para la vida”.

A ruralizar la ciudad con soberanía alimentaria

El 15 de mayo, Fundación EPES participó en la feria de ANAMURI en la plaza Copiapó, frente al Consultorio Nº 1, cerca de su sede nacional en Santiago, en el marco de la inauguración de la Conferencia Nacional Orgánica.

En la actividad, bajo el lema “Ruralizando la ciudad con soberanía alimentaria”, grupos de mujeres campesinas e indígenas pusieron en práctica el juego de `De la semilla al plato´.

Para EPES fue importante que mujeres que trabajan la tierra y viven de su producción pudieran conocer el juego y escuchar sus impresiones, reflexiones y aprendizajes del mismo.

Francisca Rodríguez afirmó que “el juego nos ayuda a cuestionarnos en relación a los nuevos hábitos inducidos por la propaganda del sistema”.

“Veo a las mujeres del campo ahora jugando, debatiendo, y están plenas, se identifican en cada paso, se reconocen en el juego y le dan valor a su quehacer. Lo que están construyendo cobra sentido y por lo tanto las decisiones para poder defenderlo tendrán mayor convicción”.

“La gran tarea, como mujeres del campo, es ruralizar la ciudad, bajo la necesidad de devolver valores, de reconstruir la cultura y de dar esperanza. Cuando se trabaja con el juego `De la semilla al plato´, una herramienta tan sencilla, pero tan profunda, estamos animando la esperanza y al mismo tiempo creyendo en nosotras y dándonos cuenta de lo importante que son nuestros saberes para la humanidad”.

La presidenta de ANAMURI destacó que las propuestas de las mujeres del campo son importantes para el conjunto de la sociedad. “Por ejemplo: cuando hablamos de soberanía alimentaria, no solamente nos referimos a nuestro derecho a producir alimentos, sino del derecho de todos y todas a tener un sistema alimentario que garantice la vida; y cuando nos referimos al cambio climático decimos juntas/os podemos enfriar el planeta, porque son nuestras formas de producir y de consumir las que pueden revertir el desastre que ha generado el sistema de la industria alimentaria, en manos de empresas transnacionales”.

Francisca Rodríguez tiene una mirada crítica del Estado chileno y de los organismos internacionales respecto del rol que les compete en garantizar y/o promover el derecho a la alimentación y la soberanía alimentaria.

No está de acuerdo con el concepto de seguridad alimentaria que utiliza en sus programas la O­ficina Regional de la FAO para América Latina y El Caribe. Aseguró que solo con soberanía alimentaria, que garantice la vida, la salud y el desarrollo de la persona, Chile será verdaderamente soberano y no tendrá que depender de alimentos importados, y tal vez se podrían recuperar los campos dañados.

“Cuando el Estado anunció que el país se convertiría en potencia agroalimentaria, pensamos ¡que pretencioso! Chile sería potencia si tuviera garantizada la alimentación, pero no tiene garantizada ni la salud, ni la vida en el campo, ni la tierra, ni el agua, ni los territorios. Nuestras chacras diversas con animales pastando en la zona centro sur de Chile están hoy invadidas con plantaciones de monocultivos de pino y eucaliptos”, denunció la presidenta de ANAMURI.

La lucha de las mujeres campesinas e indígenas  

Francisca Rodríguez destacó la necesidad de “construir la sociedad que queremos, con campos productivos, diversos y floridos, que no sean solo tarjeta postal” y de una serie de iniciativas que ANAMURI y las redes en América Latina llevan adelante en esa dirección.

“Como Vía Campesina, transitamos por el mundo generando una alternativa al modelo neoliberal. En América Latina avanzamos mucho más porque soñamos esa sociedad socialista que queremos construir de cara al futuro. No nos estamos quedado en el pasado, somos las que estamos más de cara al presente y al futuro”.

A través de los Institutos de Agroecología Latinoamericanos (IALA) se trabaja en la formación de profesionales y técnicos que el campo requiere.

ANAMURI busca contribuir al desarrollo integral de las Mujeres Rurales e Indígenas, considerando los aspectos laborales, económicos, sociales y culturales, a través del estímulo a la organización y su fortalecimiento.

Entre sus principales líneas de acción, están la promoción e implementación de la agricultora orgánica y sustentable, estimulando la protección de los bienes naturales, rechazando absolutamente el uso de agrotóxicos, las semillas modificadas genéticamente y transgénicos, asegurando una alimentación saludable para las mujeres, hombres y niños de nuestro país.

“Fundación EPES elaboró un juego que nosotras tal vez queríamos hacer hace mucho tiempo, pero no sabíamos cómo. Algo similar, pero de otra manera, hemos desarrollado en la Escuela Nacional de Agroecología Sembradoras de Esperanzas, instancia de formación agroecológica y política organizada por ANAMURI”, señaló Francisca Rodríguez.

Desde Fundación EPES celebramos y agradecemos a ANAMURI que el juego `De la semilla al plato´ sea compartido en el Congreso organizado por la Vía Campesina – CLOC, movimiento que levanta las banderas de la soberanía alimentaria y los derechos de los campesinos y campesinas a trabajar la tierra, producir y difundir un sistema de agricultura que permita la preservación del medio ambiente, la factibilidad económica y la sostenibilidad social. Por lo mismo, la lucha por la soberanía alimentaria y contra los efectos de la globalización está fuertemente ligada a la defensa de los Derechos Humanos, contra la militarización y la criminalización de los pueblos y comunidades que luchan por la recuperación de espacios democráticos reales.

 

 

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