El Estado agresor es un macho violador: el impacto de la acción feminista y la criminalización de la protesta


Hoy #NadaSinNosotras, mucho menos cuando el gobierno no asume responsabilidad política por el atropello a los derechos humanos en este estallido social y coquetea con los diferentes partidos para poner urgencia a proyectos de ley que defienden la propiedad privada y castiga la acción política de manifestantes y organizaciones.


 

Por: Antonia del Solar Benavides

Publicado 6 de diciembre, 2019. El Desconcierto 

Ayer, como días anteriores, miles de mujeres se reunieron en el Estadio Nacional a realizar la performance “Un violador en tu camino” de #LasTesis.

Salieron a las calles a manifestarse en clave feminista mientras el gobierno de Chile, en complicidad con los partidos políticos, aprobaban la idea de legislar para seguir criminalizando la protesta social, como si la institucionalidad no tuviera ya herramientas suficientes para castigar, mutilar, detener, violar, agredir y asesinar al pueblo que se organiza.

Ver un lugar de memoria como el Estadio Nacional lleno de mujeres, ver cómo la performance se extiende por todo Chile y se amplía de maneras sorprendentes por el mundo da cuenta de algo que las feministas venimos diciendo hace rato: la violencia contra mujeres es estructural. Tiene distintas formas de manifestarse y nos afecta a todas. En nuestros cuerpos, en nuestras historias de vida se inscriben las diversas expresiones de la violencia patriarcal. Entonces, aunque nos llenen de emoción las amplias convocatorias -posibles solo por el trabajo de desnaturalización de la violencia machista realizado sin tregua durante décadas por organizaciones de mujeres- no es raro que mujeres de todas partes nos sintamos interpeladas y nos llame nuestra propia experiencia personal y colectiva a movilizarnos y participar.

“Un violador en tu camino” es un excelente acto de denuncia que resume de manera dolorosamente brillante el grave problema político, económico, social y cultural que constituye la violencia patriarcal.

En 2018, liceos, colegios y universidades fueron tomadas de manera inédita (por su transversalidad) por estudiantes feministas para exigir el cese de impunidad respecto a la violencia sexual y la exigencia de una educación no sexista. Las secundarias y universitarias fueron claras: querían espacios seguros, libres de vacas sagradas que por años han acosado y abusado con plena tranquilidad. Denunciaron a profesores, directivos, funcionarios y compañeros.

La denuncia se extiende a los círculos familiares, laborales, organizacionales, amistosos, públicos. En definitiva a todos los espacios en que habitamos. Pero, además de eso, la crítica a la institucionalidad es profunda: acá no solo estamos diciendo que en nuestros círculos convivimos con agresores y que no lo permitimos más. También decimos que esta estructura, que este sistema patriarcal, que este Estado, macho y violador, lo hace posible, al no considerar jamás la gravedad del asunto.

Al día, en Chile, en promedio -sólo considerando las agresiones denunciadas- aproximadamente 42 mujeres y niñas son agredidas sexualmente. En este mismo Chile, menos del 8% de las denuncias por violación termina en condena. En este angosto y largo territorio, al año decenas de mujeres son asesinadas por motivos de género. Hoy mismo el registro de femicidios de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres indica que 59 mujeres han sido asesinadas por femicidas. Decenas contaban con medidas cautelares, las cuales una y otra vez demuestran ser completamente insuficientes.

Hemos sido las feministas las que hemos apuntado a la (in)justicia patriarcal, esa que no nos busca cuando desaparecemos, que no nos resguarda cuando nuestras vidas corren peligro, que no realiza investigaciones serias y transparentes cuando nos matan, que nos castiga por decidir sobre nuestros cuerpos, que no nos cree en las audiencias, comisarías y juzgados al tiempo en que deja libres a violadores, cierra casos impunes, no castiga a los padres ausentes  y otorga derechos paternales a agresores y femicidas. Esa misma institucionalidad que pese a nuestras denuncias y exigencias, admite en sus filas a agresores de mujeres para que nos representen y tomen decisiones por nosotras.

Las mujeres estamos en todas partes -menos mal porque como muy certeramente dice un lienzo “¿qué sería de nosotras sin nosotras?”- y por lo mismo, en medio de esta crisis que atraviesa Chile señalamos sin vacilaciones que no es solo la crisis del neoliberalismo. No es solo la crisis de la política, una política secuestrada en los espacios formales, como si la política solo se disputara en esos relucientes salones, mal hecha a la medida de sus acuerdos serviles y sus pactos para la explotación. No es solo la crisis de representación que con un 4,6% respalda a un presidente que no es querido ni en su casa. Es también una crisis del sistema patriarcal al que no nos quedó otra que aprender a protegernos, entrenarnos en desenmascararlo de las maneras más creativas posibles y a valientemente resistir.

No vamos a permitir que hoy, cuando se discute cómo salir de la miseria que nos dejaron sus modelos, nosotras no tengamos cabida como históricamente ha sucedido. Esto es válido no solo para el espacio formal de la política del que hablábamos, sino para todos los espacios en los que participamos trazando líneas para buscar maneras más justas de administrar lo colectivo. Y, en ese mismo sentido, no vamos a permitir que se criminalice una de las formas de participar que históricamente hemos practicado las feministas: la protesta en su amplia diversidad, ya sea en silencio, a los gritos, con performance, con lienzo, con megáfonos, con o sin permiso, ocupando la calle como forma de contestación a un Estado que nos quiere aisladas y encerradas en nuestras casas.

Hoy #NadaSinNosotras, mucho menos cuando el gobierno no asume responsabilidad política por el atropello a los derechos humanos en este estallido social y coquetea con los diferentes partidos para poner urgencia a proyectos de ley que defienden la propiedad privada y castiga la acción política de manifestantes y organizaciones. #NadaSinNosotras porque mientras aceleran esas votaciones para resguardar el lugar donde “pertenece” la política, siguen pasándole por el lado y pegándole golpecitos en la espalda a la violencia patriarcal.

Menos mal muchas otras nos enseñaron que ningún espacio nos fue regalado, que las mujeres hemos tenido que pelearlos todos con creatividad, con fortaleza, reflexión y acción.

Antonia del Solar Benavides
Integrante de la Coordinación Nacional de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres.