Conversatorio con el historiador Mario Garcés: «Estallido social en el Chile neoliberal»


Garcés es Doctor en Historia, Director de ECO, Educación y Comunicaciones, y Miembro del Comité Editorial de LOM.

Santiago de Chile, enero 2020 (EPES).- El historiador Mario Garcés Durán fue el expositor del Conservatorio «Estallido social en el Chile neoliberal», organizado por Fundación EPES, el 27 de noviembre, 2019, en su centro comunitario en Santiago.

El encuentro buscó abrió un espacio de reflexión en torno a la masiva protesta social que se desencadenó en el país a partir del 18 de octubre, la respuesta represiva del gobierno, y el rol de los medios de comunicación.

Las y los participantes del encuentro discutieron previamente en grupos los temas que querían fueran abordados por el historiador y surgieron preguntas en torno principalmente a las causas y el contexto en el que surge el estallido social, el rol de los pobladores/as que siguen siendo invisibiliados en esta revuelta popular, las nuevas formas de organización del movimiento social, las proyecciones y la posibles salidas a la crisis.

Análisis sobre el estallido social y los desafíos del movimiento social chileno

De la evasión del metro a la exigencia de una nueva Constitución   

El historiador Mario Garcés ha publicado cuatro artículos en el portal de ECO, Educación y Comunicaciones, que nos permiten tener más antecedentes necesarios para analizar y reflexionar respecto a la crisis política y social en el país.

Octubre de 2019: Estallido social en el Chile neoliberal

Este estallido social, difícil de prever en su magnitud y en el momento nos sorprende en un contexto francamente crítico desde el punto de vista social y político. Simplificando y de manera un poco esquemática: Por una parte, desde el gobierno y el Estado, las instituciones viven su peor momento de credibilidad y legitimidad, producto no solo de la corrupción –de la que ya no se salvan ni las Iglesias- sino que además de su abismante distancia e indiferencia con la sociedad y particularmente con el pueblo. Por otra parte, desde el punto de vista de las clases populares y sus luchas, esta movilización que conduce a un “estallido” se hace sin un convocante central, sin orgánicas conocidas (ni partidos, ni la CUT, ni coordinaciones territoriales) por lo que adquiere un “cierto” carácter espontáneo, que hay que matizar, en el sentido que los estudiantes secundarios y diversos movimientos sociales generaron sus propios procesos de organización y de expresión pública que preceden a este estallido: el movimiento mapuche desde fines de los 90; el movimiento estudiantil, secundario y universitario (mochilazo, en 2002; revolución pingüina, en 2006; movimiento por la educación pública, en 2011); el movimiento “No + AFP”1 desde 2016; el “mayo feminista” de 2018; los diversos movimientos socio ambientalistas y de lucha por el “agua y los territorios”; las luchas y huelga de los profesores en 2018, etc. Todas estas luchas tienen un alto valor, pero carecen hasta ahora de instancias de coordinación y unificación suficientes.

No resulta fácil proponer una perspectiva analítica sistemática de lo que hemos vivido y estamos viviendo en estos días. En primer lugar, porque los sucesos aún están en desarrollo; en segundo lugar, porque la situación desafía nuestras categorías analíticas tradicionales y, en tercer lugar, por las cargas subjetivas que representa para muchos de nosotros –los que vivimos la dictadura- volver a ver a los militares en las calles. Pero aun así, es necesario intentarlo.

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Estallido social en el Chile neoliberal II : Represión, agenda social y la presión social que no cesa

Por Mario Garcés Durán/ 4 noviembre, 2019

La presión social sigue activa en Chile, cuando ya se cumplen 14 días del estallido social, que se inició el 18 de octubre pasado. La situación fue evolucionando vertiginosamente, tanto desde el punto de vista del gobierno como desde el pueblo movilizado hasta culminar en “la mayor marcha de Chile” el viernes 26 de octubre con 1,2 millones de personas, según cifras oficiales, en torno a la Plaza Italia, en el centro de Santiago. Con posterioridad a este suceso, con nuevas formas –cabildos, asambleas y marchas- la presión social no cede.

Los medios de comunicación, en todos estos días de agitación y movilización han invisibilizado la protesta en los barrios populares de Santiago. Sesgaron la información y concentraron sus miradas en las clases medias que se manifestaban “pacíficamente” mientras que del pueblo destacaron los saqueos y “la violencia”, es decir lo que, a juicio de los medios, no se debe hacer y que solo merece ser condenado.

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Estallido social en el Chile Neoliberal III

Por Mario Garcés Durán/ 19 noviembre, 2019

Como se sabe, la madrugada del viernes 15, la clase política parlamentaria chilena, anunció un gran acuerdo por la Paz Social y una Nueva Constitución. Curiosa denominación, la de acuerdo por la paz, ya que era lo que había solicitado Sebastián Piñera en su última aparición pública. El acuerdo, básicamente afirma la voluntad de producir un cambio constitucional, con un plebiscito de entrada –en abril de 2020-; la elección de constituyentes en la elección municipal de octubre del mismo año; el funcionamiento de una “Convención” por 90 días prorrogable y un plebiscito ratificatorio, al final del proceso.

El gran acuerdo político parlamentario se produce en un tiempo veloz, cuando el gobierno de Piñera mostraba su mayor debilidad, con el bloque en el poder fisurado, sin iniciativa política e insistiendo solo en la represión y una agenda social mínima. Muchos datos indicaban que el debilitamiento político del gobierno lo conducían al colapso y una importante mayoría de ciudadanos coreaba en las calles la necesidad de la renuncia de Piñera. Pero, en verdad, como admitían algunos parlamentarios, la crisis del gobierno arrastraría a la crisis del conjunto de la clase política, es decir al propio parlamento. Se requería en consecuencia una acción de “salvataje del gobierno” y también del propio parlamento (“uno para todos y todos para uno”).

El “gran acuerdo histórico” es en realidad un acto de recreación y reproducción de la clase política en el poder, para lo que nuestros políticos profesionales han mostrado históricamente gran oficio. Ejercer el poder con el pueblo a una debida distancia. Es la gran debilidad o, más claro aún, los déficits de una “cultura democrática” del que adolecen las elites chilenas, que una vez más se hace visible y manifiesta.

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Estallido social IV: En busca de una salida a la crisis – Notas para el debate

Por Mario Garcés Durán/ 6 diciembre, 2019

Luego de prácticamente seis semanas de movilizaciones, desde el estallido social del 18 de octubre pasado, resulta difícil aún imaginar cuál será la salida a la actual crisis por la que atraviesa la sociedad chilena.
En la actual coyuntura, nada está asegurado de antemano. El fortalecimiento de la sociedad civil a través de encuentros, cabildos y asambleas es un proceso de aprendizaje, de reflexión, de debates y de deliberación que necesita expandirse y multiplicarse hasta sumar a los más sencillos, a los menos politizados. No basta ser mayoría en la calle, hay que proponerse ser mayoría en el barrio, en la escuela, en el trabajo, en la Iglesia, en el club deportivo, en toda la diversidad y anchura de nuestro pueblo. Este es el principal desafío de una “revolución democrática”, la capacidad de sumar diversidades, las propias de nuestro pueblo.

La mayor disputa política del tiempo venidero será la capacidad del pueblo movilizado por imponer su voluntad democrática a la clase política. Se trata, por cierto, de un desafío mayor, difícil de alcanzar en corto plazo. De este modo, reconociendo las dificultades para modificar los plazos y las formas en que la clase política han definido, es necesario imaginar la posibilidad de una Asamblea Constituyente de los Pueblos y de los Movimientos Sociales. De este modo y con autonomía del Estado, la sociedad civil podría elaborar sus propios principios y propuestas para un nueva Constitución Política del Estado, disputando contenidos con el discurso oficial, oponiendo visiones y puntos de vista, presionando a los eventuales “constituyentes oficiales”. En rigor, el pueblo puede, aunque es un desafío enorme, actuar dentro de la legalidad prestablecida, pero también, de manera fáctica, por la vía de los hechos.

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