EPES en Revista Somos. ¡Cuidado! El machismo mata


La naturalización de la violencia de género a la que aluden las organizaciones feministas también queda de manifiesto en la publicidad sexista y en cómo los medios de comunicación abordan el tema.

Textos y fotografías de Isabel Díaz Medina

Febrero de 2014. Publicado en Revista Somos 

“Tráeme la escopeta porque le voy a disparar al amor de mi vida que me acaba de traicionar” o “Le dije mil veces que no me abandonara y ahora su destino lo decido yo” son algunas de las frases que contiene la nueva canción Hey, hey, hey del grupo Los Tres, y que ha puesto en el tapete público la violencia de género y la cultura machista imperante. La canción y el video fueron calificados como una verdadera apología al femicidio y a la violencia que sufren o han sufrido al menos un tercio de las mujeres del país.

La Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres manifestó su rechazo e indignación por este tipo de expresiones, que –a su juicio- confirman la naturalización y banalización de la violencia extrema contra las mujeres, profundamente arraigada en nuestra sociedad, que bajo la justificación de una obra artística, utiliza temas sensibles como el femicidio y las relaciones amorosas y/o eróticas entre mujeres para llamar la atención y de este modo obtener créditos comerciales.1

Lo cierto es que cuando un hombre deja a una mujer no la “traiciona”, pero cuando una mujer adopta una decisión de ese tipo desde su libertad es interpretada como una traición, y el hombre queda como víctima.

La Colectiva Feminista de Valpo señaló que la canción y el video de Los Tres no hace sino confirmar que “el machismo está vigente, que la misoginia se actualiza una y otra vez, que no hay reflexión profunda en torno a las opresiones patriarcales, que incluso hombres con supuesto pensamiento crítico son generadores y reproductores de un lapidario desprecio hacia nuestras vidas, nuestros cuerpos y nuestros deseos; desprecio tan naturalizado en nuestra sociedad y que tanta violencia ha provocado y provoca”.

La naturalización de la violencia de género a la que aluden las organizaciones feministas también queda de manifiesto en la publicidad sexista y en cómo los medios de comunicación abordan el tema. El 4 de enero se registró el primer femicidio del año. Un hombre degolló a su joven esposa en presencia de sus hijos de 13 y 15 años, y posteriormente escapó. El canal público TVN comenzó su noticiero central con el titular “La mató por celos”.

Al respecto, María Eugenia Calvin, de Fundación EPES, afirma que “hay serias limitaciones en la actuación de los medios de comunicación, los que tienen la responsabilidad social de informar y aportar a la generación de cambios culturales. Sin embargo, lo que vemos es que, de manera recurrente, los medios de comunicación abordan los hechos de violencia hacia las mujeres con mensajes que exculpan a los agresores, aludiendo a expresiones de control y posesión en las relaciones de pareja que la cultura vigente ha naturalizado, o bien asignando caracteres patológicos o de enajenación mental a los agresores. Con esto sólo se contribuye a perpetuar la condición de desigualdad que es la base de la violencia contra las mujeres”.

Marcha contra la violencia de género. Marta Acuña y María Eugenia Calvin, de Fundación EPES

Marcha contra la violencia de género. Marta Acuña y María Eugenia Calvin, de Fundación EPES

Las alarmantes cifras

Según el Servicio Nacional de la Mujer, Sernam, el 2013 se registraron 40 femicidios a lo largo del país; sin embargo, las organizaciones feministas aseguran que fueron 552. Estas diferencias se deben a que la legislación chilena integra una definición de violencia restringida al ámbito doméstico.

La Ley N° 20.480 sobre femicidio es parcial. Al igual que la Ley N° 20.066 de Violencia Intrafamiliar (VIF), que no considera todas las situaciones en las que mujeres pueden ser violentadas y hasta asesinadas por su condición de género. La Ley N° 20.480 sólo agrega la consideración de femicida a las ex parejas aun cuando no hayan tenido hijas/os en común. Quedan fuera de esta tipificación los crímenes femicidas cometidos por desconocido o conocido sin vínculos formales de pareja. Las estadísticas oficiales del Ministerio Público indican que del total de muertes de mujeres en Chile, 81% de los casos corresponde a femicidios, pues se trata de mujeres que mantienen o han mantenido una relación de matrimonio o convivencia con el homicida”. 3

El femicidio es la punta del iceberg de miles de denuncias anuales de mujeres, que van en aumento, y que no se enfrentan con acciones que signifiquen parar el circuito de violencia, que puede terminar en muerte. Por cada mujer que denuncia hay siete que sufren violencia.

Esta política pública se impone pese a que la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (conocida como Convención de Belem Do Pará), vigente en Chile desde 1998, prohíbe la violencia física, psíquica y sexual en contra de las mujeres, tanto si ocurre en el espacio público como privado.

¿Cumple su rol el Estado en la prevención, sanción y erradicación de la violencia de género y en la protección y reparación de las mujeres afectadas? Si bien el Estado de Chile ha ratificado instrumentos del sistema internacional de derechos humanos relativos a la erradicación de la violencia contra las mujeres, cuenta además con un marco jurídico legal sobre prevención y sanción de la violencia doméstica y ha realizado diversas campañas para visibilizar el problema y promover la denuncia. A todas luces y enfrentados a las estadísticas, estos esfuerzos parecen insuficientes.

Para las organizaciones feministas, el Estado debe enfrentar cada una de las manifestaciones de la desigual distribución de poder entre ambos géneros, que encuentra su fundamento en el patriarcado. En su opinión, existe una cultura escasamente proclive a la igualdad de género en nuestro país.

Para el Observatorio de Equidad de Género en Salud, vivir libres de violencia significa mucho más que no vivenciar golpes, humillaciones, violaciones o control abusivo en el cotidiano de la relación de pareja. Implica recuperar el estatus de ciudadanía sin recortes ni opacidades, escapar del miedo y la ansiedad, dejar el lugar de lo ambiguo e instalarse con autonomía en los distintos ámbitos de la vida en sociedad. La apropiación de poder por parte de las mujeres –mediante el conocimiento, la autonomía económica, el protagonismo y el reconocimiento social, y la capacidad de decidir libremente– es requisito clave para lograrlo.4

El Observatorio señala que las limitaciones de la institucionalidad para sancionar la violencia contra las mujeres han generado un contexto de gran impunidad, que tiene su base en las definiciones de violencia que contiene la ley, en la insuficiencia de los recursos asignados y en la débil capacitación de las personas que operan el sistema.

Un estudio del Sernam (2009) sobre la ruta que siguen las mujeres que viven violencia por parte de sus parejas concluye que en Carabineros de Chile, institución que capta la casi totalidad de las denuncias, existe “debilidad en la capacitación para redactar un parte o denuncia con detalle y bien informado y que incluya la recomendación de cautelares”, y “debilidad en la función de acogida (entrada a la ruta) que no ponga en duda los relatos de las mujeres ni las culpen, e informarlas correctamente de los pasos a seguir (capacidad potencial para transmitir seguridad a las mujeres)”.

Desde la perspectiva feminista, el femicidio es la punta del iceberg de miles de denuncias anuales de mujeres que van en aumento, y que no se enfrentan con acciones que signifiquen parar el circuito de violencia, que puede terminar en muerte. Se estima que por cada mujer que denuncia hay siete que sufren violencia.

Soledad Acevedo, de la Articulación Feminista por el Derecho a Decidir.

Soledad Acevedo, de la Articulación Feminista por el Derecho a Decidir.

Institucionalidad v/s feministas

Las campañas contra la violencia hacia la mujer impulsadas por el Gobierno han sido blanco de críticas por parte de las organizaciones de mujeres y feministas, al ser consideradas aún más discriminatorias y agresivas, al utilizar un “lenguaje patriarcal, relativizar el problema e invisibilizar a las víctimas”.

“La última campaña del Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM), denominada La Violencia Me Empelota, deja en evidencia la falta de conocimiento sobre la violencia de género, sustentada por una cultura machista que funciona -entre otras características- desde los estereotipos y la desigualdad de poder”. Así lo señala Soledad Acevedo, de la Articulación Feminista por el Derecho a Decidir, quien agrega que ya en las campañas “Maricón es el que le pega a una mujer” y “Maricón 2.0” el Sernam empezó a obviar la construcción de realidad del lenguaje patriarcal.

Cristián Leporati, director de la Escuela de Publicidad de la Universidad Diego Portales (UDP), calificó como un error que Sernam utilice elementos conceptuales y de imagen del mundo del marketing para un tema tan sensible como la violencia de género.El experto agrega que “la publicidad, por definición, es circunstancial y superficial, se basa en códigos de la sociedad de consumo; por tanto, abordar la violencia hacia las mujeres bajo estos parámetros, además de distorsionar el tema, le resta profundidad y seriedad”.Leporati sostiene que “este tipo de campañas genera conciencia el tiempo que duren al aire, pero finalmente mueren como todos los productos de moda”. Según él, la campaña La Violencia Me Empelota evidencia una mirada paternalista, “que desde el poder impone una visión sin generar un espacio de diálogo con la sociedad civil, cuestión que se ve agravada al elegir rostros de televisión para que a través de su testimonio le digan a la población cómo comportarse”.

Según la activista, el organismo gubernamental utilizó y defendió el uso del concepto “maricón” y su equiparación a “maltratador” sin siquiera cuestionarse su origen. Tampoco consideró el posterior sentido identitario que algunos homosexuales le han otorgado al término. Lo mismo sucede hoy con la campaña “Me Empelota”.

 

La abogada Silvana del Valle, de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, afirma que “en los nuevos spots y afiches, empelotarse es un juego de palabras, que implica “estar en pelotas”. Más allá de ser éste un concepto que alude a la desnudez masculina, otra vez el gobierno baja la gravedad a la violencia”. Esto -según la jurista- porque “empelotarse ya no significa reaccionar con rabia, con enojo, sino que simplemente desnudarse. Todo en un contexto en que no se muestra ninguna de las consecuencias físicas ni psicológicas que sufren las víctimas, en su gran mayoría mujeres, y sus hijos”. 5

Para la abogada, esta invisibilización resulta aún peor cuando se constata que muchos de los “rostros” de las campañas son figuras que han participado en programas de contenido sexista.

A través de las campañas, el Gobierno ha centrado su discurso en llamar a las víctimas a que denuncien a los agresores a las policías con el fin de evitar más muertes, en base a datos estadísticos oficiales que indican que un 63% de las mujeres presentan algún tipo de violencia, sobre todo psicológica.

“El 2013 ha habido un aumento considerable de femicidios y del número de mujeres que denuncian por violencia intrafamiliar. La tasa de mayor denuncia nos puede indicar que las mujeres están más empoderadas y con mayor información sobre la denuncia, pero no nos dice qué sucede una vez que ellas inician la judicialización, momento en que están en mayor riesgo de ser asesinadas”, precisa Soledad Acevedo.

Feministas se toman las calles contra el machismo

La Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres -organizaciones sociales y redes de mujeres y feministas- realiza desde 2007 la Campaña ¡Cuidado! el machismo mata en 13 regiones del país. Esta acción colectiva busca visibilizar y denunciar la violencia contra las mujeres como un continuo, y la ineficacia de las políticas públicas parciales y fragmentadas. Así también, la campaña contiene mensajes afirmativos para las mujeres, y promueve la decisión de no tolerar la violencia denunciando, respondiendo individual y colectivamente, nombrando a los agresores.

Soledad Acevedo afirma que la campaña ¡Cuidado! El Machismo Mata es una iniciativa que está instalada en la sociedad. “Las mujeres reciben los mensajes y se hacen parte de las acciones de movilización nacional. La consigna y la gráfica presenta una alerta para las mujeres, que muchas veces es la primera vez que toman consciencia de la situación de vulnerabilidad en la que pueden estar”.

Según la dirigenta, el movimiento feminista y las organizaciones enfatizan la necesidad de una actitud activa de las mujeres para detener la violencia, y visibilizar las distintas formas de violencia cotidiana -económica, sexual, simbólica, estatal, institucional, física y psicológica-.

Para las agrupaciones feministas, en Chile todavía no existen políticas nacionales, integrales e intersectoriales que permitan prevenir, reparar los daños, proteger efectivamente a las afectadas y sancionar a los agresores. Advierten que la violencia contra la mujer es también cultural y transmitida día a día; y que si el Estado no es capaz de comprender desde allí la problemática, cualquier medida resulta parcial e insuficiente. 

 

1 – Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres.

2 – Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres

3 – Ministerio Público de Chile. Manual sobre investigación para casos de violencia de pareja y femicidios. 2012.

4 – Informe monográfico 2007-2012. Violencia de Género en Chile. Observatorio de Equidad de Género en Salud (OEGS)

5 – Red Chilena contra la Violencia hacia la Mujer