Información: La cara oculta de la crisis en salud


Se habla poco del retraso que existe en los sistemas de información ligados a la salud. En esta columna, el autor explica cómo se recopilan los datos estadísticos en Chile y por qué el obsoleto método tiene impacto en el diseño y evaluación de políticas públicas. Se requiere una actualización urgente, con una fuerte inversión en tecnología que permita apoyar la gestión en salud.

vacunacion

Por Didier de Saint Pierre
Publicado en CIPER Chile/ 14 de mayo de 2014

¿Consideraría usted aceptable que el Ministerio de Hacienda elaborase el presupuesto de la nación con información de la ejecución del gasto público de hace dos años? ¿O que realizase proyecciones con información de la recaudación tributaria de varios años atrás? Probablemente lo consideraría vergonzoso. Sin embargo, ese es el estándar en nuestro sistema de salud. Se diseñan programas, se evalúan políticas, e incluso se financia el sistema en base a información de dos o más años de antigüedad y poco confiable, y nadie parece sorprenderse. En algún momento la explicación pudo haber sido: “es que no hay mejor forma de obtener esa información”. Pero hoy esto es algo difícil de justificar.

El Departamento de Estadísticas e Información en Salud ha hecho un trabajo fundamental en términos de recopilar información de salud con los medios disponibles. Gracias a una red de estadísticos desplegada en todos los hospitales, que codifican y registran las principales prestaciones ocurridas en el sistema, el sector puede contar con un piso de información básico. Pero claramente la finalidad de este arduo trabajo es la estadística y no pretende ser un instrumento de gestión del sector.

El sistema de recolección de información funciona más o menos de la siguiente manera: a nivel de atención primaria, los médicos registran diariamente un resumen de las atenciones que realizan en formularios llamados “hojas de atenciones diarias”, los cuales son consolidados mensualmente, junto con todas las otras atenciones de naturaleza preventiva que realizan los consultorios, en unos formularios llamados “Registros Estadísticos Mensuales” (REM). Un número importante de consultorios debe cerrar la atención a público el último día del mes para contabilizar las atenciones del período y llenar los formularios REM. Este es un proceso esencialmente manual, a menos que el consultorio cuente con algún sistema de información. Toda esta información es consolidada en los servicios de salud y finalmente llega al ministerio, donde es ingresada a un sistema informático.

A nivel hospitalario, la principal fuente de información que alimenta al sistema son los egresos hospitalarios, los que se llenan ex post y están habitualmente incompletos (a menudo sólo se registran los diagnósticos principales y lo mismo ocurre con los procedimientos).

Este sistema manual de recolección provoca al menos cuatro inconvenientes relevantes. El primero dice relación con la oportunidad de la información: en el modelo actual, el procesamiento y revisión de la información toma mucho tiempo. La información del 2012 está disponible el 2014. De hecho, en el sitio del DEIS aún no se publican los egresos hospitalarios del 2012. En segundo lugar, la trazabilidad de la información es casi nula: es imposible recorrer los indicadores hasta llegar a los datos de base que les dieron origen -los datos de los pacientes y de las atenciones individuales-, puesto que la información que se envía es consolidada. Esto hace muy difícil y costoso comprobar su veracidad. En tercer lugar, la información para gestión es de baja calidad: el instrumento para obtener la información estadística es el mismo que el que se usa para comprobar el cumplimiento de los objetivos sanitarios, con una agravante: el financiamiento de los prestadores depende en parte del logro de las metas de producción comprometidas. Esto incentiva a los prestadores a “acomodar” los números, de modo de percibir los dineros que necesitan para operar, lo cual arrastra consigo un deterioro de la calidad de la información. Finalmente, los profesionales de la salud pierden una cantidad enorme de tiempo registrando tres y hasta cuatro veces, la misma información en distintos formularios para diferentes propósitos (el traspaso de información en forma manual aumenta el riesgo de errores en los datos).

Estas falencias están en el corazón de las dificultades que enfrenta nuestro sistema de vigilancia epidemiológica, que para funcionar bien necesita contar con información oportuna y de calidad que permita diseñar estrategias, políticas y programas, planificar acciones inmediatas y realizar seguimiento a los objetivos sanitarios en el mediano y largo plazo. Hay consenso de que Chile se encuentra en una situación de transición demográfica y epidemiológica acelerada, que ha cambiado nuestro perfil de morbimortalidad en pocos años, y que el sistema de salud se encuentra en una relación de desfase con esta nueva realidad demográfico-epidemiológica. Los instrumentos con que contamos (p.e., Encuesta Nacional de Salud, estudios de carga de enfermedad) no tienen la suficiente continuidad para establecer series de largo plazo, y como lo hemos visto, se basan en información desactualizada y con problemas de calidad.

vacunacion 2La falta de información confiable incide también en la gestión operativa. A modo de ejemplo, es muy difícil saber con precisión cuál es la disponibilidad de camas en el sistema, un día cualquiera. Y eso provoca un brutal atochamiento en algunos hospitales, siendo que podrían existir camas disponibles en las proximidades. Asimismo, es muy difícil evaluar el desempeño de los hospitales, por ejemplo la producción de sus equipos de cirujanos, o la calidad de éstos (en salud, los indicadores tradicionales de calidad se refieren a mortalidad, infecciones intrahospitalarias y re ingresos). Sería sin duda muy provechoso para el sector y sus usuarios, disponer de un portal con información acerca de cómo lo está haciendo cada prestador.

Las consecuencias de este desorden de información son obvias: gran desconfianza en la capacidad de gestión. Las dudas respecto de la calidad y efectividad de las decisiones que se toman en el sector hacen complejo acceder a los legítimos requerimientos de aumentos de financiamiento. El Ministerio de Hacienda y el legislador están en lo correcto al poner como condición para mayor financiamiento una mejor calidad de la información y de la gestión. Y dada la complejidad del sector, no hay otro camino que el uso inteligente de las nuevas tecnologías digitales.

El sector debe con urgencia cambiar su modelo de recolección de información y pasar desde la recopilación de datos ex-post con objetivos esencialmente estadísticos, a una recolección basada en el registro de los datos en el momento en que ocurre la prestación y la posterior transmisión de esa información usando redes telemáticas, a todos los destinos que la requieren.

Actualmente está en marcha una estrategia digital en salud -lanzada hace ya diez años por el ministro Pedro García para apoyar la reforma-, plasmada en el “libro azul” y que fue actualizada hace un par de años en el documento “mapa de ruta”. Uno de sus componentes es la informatización de la red asistencial, llamada estrategia SIDRA (Sistemas de Información de las Redes Asistenciales). Afortunadamente, esta estrategia ha tenido continuidad durante las últimas tres administraciones (ministra Barría, ministro Erazo y ministro Mañalich). Sin embargo, ha faltado convicción de parte de las autoridades y ha faltado apoyo político para llevarla a cabo. Una estrategia de esta naturaleza debe ser liderada-y no solo apoyada- por las máximas autoridades del sector y, a nivel local, por los directivos de las instituciones prestadoras, ya que se trata de una transformación mayor del modelo de atención en salud.

Los otros grandes pasivos de la estrategia son: (1) la institucionalidad, (2) la estandarización de los procesos, (3) los incentivos y (4) el financiamiento.

Respecto de la institucionalidad, el Minsal debe separar la gestión de la informatización de la red asistencial, de la gestión informática ministerial, tal como lo hizo el Ministerio de Educación, que entendió desde muy temprano que incorporar tecnología en las escuelas para mejorar los aprendizajes de los alumnos no es lo mismo que desarrollar sistemas para el Mineduc, y para ello creó el Centro de Educación y Tecnología – Enlaces. Por su parte, automatizar los principales procesos asistenciales de la red de prestadores requiere de un esfuerzo previo de estandarización de esos procesos, incorporando las mejores prácticas reconocidas, y esa es una responsabilidad del regulador (a través de la División de Gestión de Redes). Respecto de los incentivos, es interesante señalar que algunos países han propuesto estímulos económicos para el registro digital de la información de salud, como parte de una estrategia que ayude a vencer las innumerables oposiciones que aún encuentra este tipo de proyectos. Las resistencias a menudo provienen de personas temerosas de perder beneficios al democratizar la información o bien temerosos de quedar expuestos en un escenario de comparaciones de desempeños. Finalmente, el financiamiento destinado a la estrategia digital de salud, que incluye SIDRA, es totalmente insuficiente. Representa menos del 1,5% del presupuesto del sector. En el mundo, los prestadores de salud invierten en promedio el 4,1% de sus presupuestos en tecnología según la consultora Gartner Group.

La evidencia existente en cuanto a que disponer de más y mejor información lleva a tomar mejores decisiones para fortalecer la salud, es contundente. Ya hemos perdido demasiado tiempo yendo y viniendo, este es el momento de darle un nuevo impulso a la estrategia digital en salud y construir los fundamentos para un sistema de información en salud que permita al mismo tiempo apoyar los procesos asistenciales y contribuir al diseño y evaluación de los programas y políticas en el nivel central. Esto permitirá recuperar la alicaída confianza pública en la capacidad de gestión en el sector, basando sus decisiones en información comprobable, oportuna y de calidad.