Región del Biobío. Luchando por salud digna


La institucionalidad proporciona espacios de participación ciudadana de carácter consultivo y no vinculante, donde los dirigentes muchas veces son cooptados. En medio del desprestigio de la clase política, las organizaciones apuestan como único camino la construcción de espacios autónomos de organización.

10453308_10201586579745424_2170821331395994354_nConstituir un bloque social amplio que impulse y encarne una propuesta por una nueva salud pública y una sociedad sana son parte de los desafíos políticos del emergente movimiento por la salud en Chile. Así se planteó en el Primer Congreso Regional por Justicia y Dignidad en Salud del Biobío, realizado en la Universidad de Concepción. El encuentro, convocado por la Mesa Regional por la Salud, conformada por organizaciones de usuarios, pobladores, gremios de trabajadores de la salud y estudiantes, debatió los escenarios que enfrentan las comunidades en sus territorios y su capacidad de movilización ante la crisis del sistema de salud, construido desde una lógica empresarial, burocrática y un enfoque principalmente curativo.

Como parte de un diagnóstico compartido, se mencionó el déficit y mal uso de los recursos en el sistema público, consecuencia de los procesos de la privatización de la salud; y la existencia de necesidades inmediatas, como más hospitales y médicos especialistas en un contexto de condiciones de vida y trabajo adversos, que son causa de enfermedades que complejizan aún más la situación.

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Ciro Ibáñez exponiendo ante el congreso en Concepción.

Ciro Ibáñez, economista, miembro de Plataforma Nexos, integrante de la Mesa Regional, aseguró que lo que está en el fondo de las luchas por una nueva salud pública es un problema político. Como tal, se expresa en la dimensión económica y en lo ideológico. En definitiva, en la correlación de fuerzas en relación a proyectos políticos más o menos maduros que expresan distintos intereses de clases sociales.

“Las luchas por la salud son parte de la lucha por una sociedad sana, que “produzca” individuos sanos. No sólo por un mejor sistema de salud, sino también por una educación de calidad y al servicio de las personas, por viviendas adecuadas para el buen vivir, por pensiones dignas para los adultos mayores. En ese sentido, las luchas por la salud deben ir unificándose con otros actores político-sociales y el horizonte debiera apuntar a todas las luchas como una sola lucha”.

Según Esteban Hadjez, del área de salud pública de Fundación CREA, “no es casualidad que la mortalidad perinatal se relacione con la pobreza y la cesantía en las comunas de Santiago, que exista una alta prevalencia de silicosis y asbestosis en los trabajadores de la minería y construcción, o que la infección por VIH – Sida afecte cada vez más a mujeres y adolescentes”.

Para Hadjez, la salud pública no puede ser comprendida si no se analizan las contradicciones de clase existentes en la sociedad capitalista; si no analizamos la distribución inequitativa de la riqueza, si no reconocemos que la educación es un bien de mercado que perpetúa la desigualdad, si no examinamos las condiciones de trabajo de la clase obrera.

En términos de desafíos, Ciro Ibáñez aseguró que el problema fundamental es avanzar en la constitución de un sujeto político social con organización, propuesta y capacidad de movilización que vaya cuestionando la hegemonía biomédica y empresarial en la salud. Para ello, se hace urgente fortalecer la participación de las organizaciones populares y de trabajadores sensibles al tema de la salud.

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Lautaro López, junto a Sandra Castañeda de EPES, durante el congreso.

Lautaro López, coordinador de Fundación EPES en Concepción, planteó la necesidad de promover el diálogo y el debate que permita reconocer aliados y adversarios para alcanzar una salud oportuna, gratuita y de calidad, lograr la unidad más amplia como movimiento social, en el cual, cada organización construye desde su propia realidad y aporte impulsando la lucha para alcanzar demandas comunes. “Para seguir avanzando debemos continuar construyendo organización en los territorios desde el análisis crítico de la realidad, utilizando como herramienta la Educación Popular.”

En la discusión, se expuso la necesidad de mejorar los canales de difusión y comunicación, fortalecer las organizaciones nacientes en cada territorio, promover la vinculación de los trabajadores de la salud y la comunidad, luchar para una participación ciudadana resolutiva, desde las necesidades inmediatas hacia los cambios estructurales y generar alianzas permanentes y estables entre trabajadores y organizaciones territoriales.

Experiencias participativas

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En la región del Biobío, han proliferado las mesas comunales y territoriales de salud, bajo la coordinación de una instancia regional. Se definen como espacios de organización y articulación autónomos, participativos, abiertos y democráticos, donde se generan diagnósticos y propuestas en salud, para la acción reivindicativa de sus derechos.

En el congreso se compartieron las experiencias de los gremios de la salud y de organización territorial por el derecho a la salud de Arauco, Talcahuano, Chillán, Ancud y San Pedro. “En las comunas existen pequeños grupos organizados que intentan movilizar a la comunidad despolitizada, en ausencia de un movimiento territorial consolidado y unificado”, señaló Lautaro López.

Talcahuano lidera un proceso de articulación autónomo de la institucionalidad en una mesa territorial, donde participan organizaciones y trabajadoras de la salud. En San Pedro de la Paz permanece un nivel básico de articulación entre organizaciones, donde los sindicatos, como el Nehuenche, han sido eje de la movilización y procesos de diálogo con la municipalidad. En Arauco, se creó un comité a partir de los problemas de atención en el hospital local, con una relación conflictuada con los trabajadores de la salud. En Chillán se organizó recientemente una mesa con participación de trabajadores de la salud.

Milena Oróstegui, de Ancud.

Ancud cuenta con una experiencia de participación ciudadana exitosa, que logra mediante la movilización exigir de la autoridad la construcción de un hospital dentro de los plazos comprometidos.

Milena Oróstegui, de la organización Pueblo de Ancud Movilizado, afirmó que en este triunfo ciudadano fue clave la unión estratégica basada en las necesidades en común de trabajadores de la salud y la comunidad organizada. Además, de “creer en el poder como pueblo para exigir los derechos que sentíamos se habían postergado por tanto tiempo”.

La dirigenta aseguró que el movimiento del Pueblo de Ancud tiene proyección y espera que no se contamine, con el surgimiento de excesos de protagonismo, de fuerzas políticas o autoridades que pretendan hacer uso de la organización o como plataforma que les facilite la reelección en un próximo periodo.

En cuanto al plan de acción, en el congreso se proyectó la constitución de una Red Sur por justicia y dignidad en salud y en el mediano plazo el desarrollo de una campaña comunicacional por una salud gratuita, oportuna y de calidad.

Graciela Cruz, dirigenta de la FENATS, dijo que es un avance plantearnos un plan de acción en conjunto trabajadores, pobladores y usuarios para recuperar la salud como un derecho social. La dictadura militar mercantilizó la salud, pero durante los últimos 25 años, los sucesivos gobiernos han favorecido la expansión del sistema de salud privado, y junto con ello lograron desmovilizar al movimiento popular.

Cruz aseguró que junto al movimiento estudiantil que surge en 2011, la educación popular, que desarrolla EPES en salud ha sido fundamental para ir abriendo conciencia. “Nosotros debemos ser los actores para el cambio. No podemos esperar que lo haga la clase política, que administra un modelo económico neoliberal”.

Según los asistentes, un tema que requiere de mayor debate es como se concibe la participación social en salud y su incidencia en materia de política pública. La institucionalidad proporciona espacios de participación ciudadana de carácter consultivo y no vinculante, donde los dirigentes muchas veces son cooptados. En medio del desprestigio de la clase política, las organizaciones apuestan como único camino la construcción de espacios autónomos de organización.

ISABEL DÍAZ MEDINA
Publicado en “Punto Final”, edición Nº 816, 31 de octubre de 2014
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